Recupero hoy estas maravillosas y esperanzadoras palabras del Papa Francisco en Guayaquil, sobre las Bodas de Caná, cuando una Mujer estuvo atenta:
"... Y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está en esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor. Y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar. Y el mejor de los vinos está por venir, aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario. El mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir. Murmúrenselo cada uno en su corazón: el mejor vino está por venir. Y susúrrenselo a los desesperados o a los desamorados: Tened paciencia, tened esperanza, haced como María, rezad, actuad, abrid el corazón, porque el mejor de los vinos va a venir. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas.
Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga». Hagan lo que Él les diga. Y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de la familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea..."
REDES: es una asociación de mujeres católicas casadas separadas que se reúne mensualmente en Barcelona, y ofrece apoyo para vivir la fidelidad al compromiso matrimonial. Asimismo, trabajamos otros muchos aspectos de nuestra situación: educación de los hijos, misión familiar y social, trabajo y vida profesional, integración vida personal y profesional, etc. Contamos con la asistencia de un sacerdote. Para más información, contactar con cristinamorenoalconchel@gmail.com
Necesitamos redes para no caer al vacío
Mostrando entradas con la etiqueta resiliencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta resiliencia. Mostrar todas las entradas
sábado, 6 de julio de 2019
domingo, 4 de agosto de 2013
PERDONAR Y PERDONARSE...
Queridas amigas,
Hablemos de perdón. Perdonar a aquel que nos ha destrozado la vida no es fácil, desde luego, y lo sabemos porque llevamos esa cruz a cuestas cada día, cada hora, cada noche...
Pero hoy pensaba que quizá es incluso más difícil perdonarse a sí misma. Autoacusarse de lo que ha pasado es un mecanismo muy sutil, y ver nuestra culpa como causa del mal que sufren, pongamos nuestros hijos, por ejemplo, es muy común.
Naturalmente, no se trata de evitar hacer examen de conciencia. Pero una vez reconocida nuestra parte (cuando un matrimonio se rompe, hay dos partes que pueden tener parte en ello) y puestos los medios para seguir adelante como católicas casadas, madres de familia, sería totalmente anticristiano verse a una misma como causa de todo mal, del mal de nuestras familias.
Hoy por hoy, somos el ancla –sí, Maruja: pal de paller- que sujeta a nuestros hijos a la realidad: educación, formación, guía...
A mí me gusta fijarme en las cañas flexibles, esas que crecen en las riberas de los ríos. Son altísimas y podríamos pensar que se troncharían por la mitad a causa del viento, del paso de animales, del ser humano haciendo "trecking"... Pero no, la caña continúa en su sitio, mejor dicho, vuelve siempre a su posición, porque está muy bien anclada en la tierra, con raíces profundas. Pero tiene esa flexibilidad que le permite agacharse (a ayudar al niño que lo necesita, a recoger al que se ha caído), doblarse (arrimar el hombro en trabajos de cada día). Como es tan alta, la caña puede llegar a muchas partes, dibujando un círculo enorme, movida por el viento (circunstancias, sufrimiento, dolor, cruces en definitiva, que pueden hacer que casi quede destrozada...)
Pero no: la caña, flexible y tierna (sufre, sí. Es "blandita", llora, se desmorona a veces), puede volver a su posición siempre, porque está bien sujeta a la tierra con sus raíces. Es muy bonita la caña, ¿no?
Nosotras luchamos por mantenernos en nuestro sitio: esposas y madres de familia católicas que quieren vivir la vida como el Señor nos ha pedido: el que pierda su vida...la ganará.
Paciencia, amigas, resistencia, y permanecer junto al Señor (confesión y comunión, lectura de la Palabra).
Yo estoy aquí, cargando con mi cruz, dispuesta a ayudar.
Un fuerte abrazo a todas,
cristina
Queridas amigas,
Hablemos de perdón. Perdonar a aquel que nos ha destrozado la vida no es fácil, desde luego, y lo sabemos porque llevamos esa cruz a cuestas cada día, cada hora, cada noche...
Pero hoy pensaba que quizá es incluso más difícil perdonarse a sí misma. Autoacusarse de lo que ha pasado es un mecanismo muy sutil, y ver nuestra culpa como causa del mal que sufren, pongamos nuestros hijos, por ejemplo, es muy común.
Naturalmente, no se trata de evitar hacer examen de conciencia. Pero una vez reconocida nuestra parte (cuando un matrimonio se rompe, hay dos partes que pueden tener parte en ello) y puestos los medios para seguir adelante como católicas casadas, madres de familia, sería totalmente anticristiano verse a una misma como causa de todo mal, del mal de nuestras familias.
Hoy por hoy, somos el ancla –sí, Maruja: pal de paller- que sujeta a nuestros hijos a la realidad: educación, formación, guía...
A mí me gusta fijarme en las cañas flexibles, esas que crecen en las riberas de los ríos. Son altísimas y podríamos pensar que se troncharían por la mitad a causa del viento, del paso de animales, del ser humano haciendo "trecking"... Pero no, la caña continúa en su sitio, mejor dicho, vuelve siempre a su posición, porque está muy bien anclada en la tierra, con raíces profundas. Pero tiene esa flexibilidad que le permite agacharse (a ayudar al niño que lo necesita, a recoger al que se ha caído), doblarse (arrimar el hombro en trabajos de cada día). Como es tan alta, la caña puede llegar a muchas partes, dibujando un círculo enorme, movida por el viento (circunstancias, sufrimiento, dolor, cruces en definitiva, que pueden hacer que casi quede destrozada...)
Pero no: la caña, flexible y tierna (sufre, sí. Es "blandita", llora, se desmorona a veces), puede volver a su posición siempre, porque está bien sujeta a la tierra con sus raíces. Es muy bonita la caña, ¿no?
Nosotras luchamos por mantenernos en nuestro sitio: esposas y madres de familia católicas que quieren vivir la vida como el Señor nos ha pedido: el que pierda su vida...la ganará.
Paciencia, amigas, resistencia, y permanecer junto al Señor (confesión y comunión, lectura de la Palabra).
Yo estoy aquí, cargando con mi cruz, dispuesta a ayudar.
Un fuerte abrazo a todas,
cristina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

