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jueves, 22 de mayo de 2014

Mujeres separadas: autoestima


Mujeres separadas: autoestima

La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos; la forma en que nos percibimos y la manera en que nos sentimos respecto de nuestras capacidades, habilidades y defectos. Es importante saber que las personas tenemos distintas facetas de personalidad y que constantemente nos autoevaluamos respecto a cada una de ellas.

Características que puede tener una persona con baja autoestima:
  • ·         Desprecia sus virtudes.
  • ·         Demasiado autocrítica.
  • ·         No toma en cuenta los halagos, pero sí las críticas.
  • ·         Opta por las decisiones de los otros, aunque crea que su opinión es correcta.
  • ·         Actúa a la defensiva.
  • ·         Se siente despreciada con frecuencia.
  • ·         Siente que tiene menos valor que los demás.
  • ·         No está conforme con su cuerpo.
  • ·         Desearía ser otra(s) persona(s).
  • ·         Constantemente se manda mensajes internos negativos.

Lo que no debes olvidar de la autoestima:
Conócete a ti misma, identifica tus cualidades y defectos. Analízalos y observa cómo puedes fortalecer las primeras y mejorar los segundos, pero no busques la perfección.
Nunca anticipes resultados negativos, ni creas que no eres lo suficientemente buena para algo.
Cada vez que intentes algo, repite: “Puedo hacerlo, aquellas cosas que sé hacer me ayudarán a sobresalir del resto, y lo que aún no sé lo aprenderé.”
Soy un ser único, no soy perfecta y sé que necesito aprender a identificar aquellas áreas en las que puedo mejorar.
No minimices los halagos ni magnifiques las críticas.
Recuerda que eres irrepetible, así que quiérete mucho; si no lo haces, nadie lo hará
.

LA AUTOESTIMA DE LAS SEPARADAS

Existen muchos factores que influyen negativamente sobre nuestra autoestima:

Aislamiento de las amistades, debido a que afrontamos solas las responsabilidades de los hijos.
Variación de nuestros  planes de vida, muchas madres separadas tienen que abandonar sus estudios e incluso buscar trabajo sin contar con la preparación y experiencia para conseguir uno bueno.
Imposición de la familia en sus propias decisiones, debido a que algunas mujeres separadas  jóvenes se ven obligadas a depender de su familia,  se ven obligadas a acatar las órdenes que les impongan.
Sentimiento de culpabilidad  por no haber logrado mantener el matrimonio…
Cambio de actividades gratificantes por obligatorias, con responsabilidades que ocupan hasta su tiempo libre.
Estigmatización: sistemáticamente perciben rechazo en su relación con personas, instituciones, etc.,aunque  no necesariamente significa que sufran el rechazo, también ellas mismas lo pueden sentir así, excluyéndose a sí mismas.

¿Qué podemos hacer?

La madre separada debe asumir y desempeñar sus responsabilidades siendo consciente de sus limitaciones y evitar sobrecargarse.
La madre separada debe buscar apoyo en personas que la quieran, pidiendo ayuda en ocasiones, delegando responsabilidades de ser necesario.
Debe contar con un círculo social de apoyo alternativo a su familia, los amigos pueden ser de gran ayuda, conocer a otras madres separadas  y siempre tratando de conocer y compartir con personas, de esta forma se evita la soledad y comparte sus problemas con otros.
Deben participar en programas que ayuden a la mejora de su autoestima, habilidades sociales y poder conseguir la independencia que tanto ansían.
Dedicar un momento para sí misma que le dé ánimos, un momento en el cual pueda salir a divertirse, hacer lo que quiera, leer un libro, ver televisión, etc., pero hacerlo exclusivamente pensando en ella.
El arreglo personal también es importante.


La autoestima del cristiano (Míchel Esparza)

La autoestima tiene mala prensa en ambientes cristianos, parece opuesta a la humildad. Pero, en realidad, autoestima y cristianismo se complementan. ¿De qué modo?

El egocentrismo no se da sólo en personas vanidosas y arrogantes, sino también en personas que se infravaloran: también la falsa modestia y el autorrechazo son contrarios a la humildad. Por tanto, para ser humilde, es preciso que uno se acepte a sí mismo tal como es, más aún: es preciso que uno se ame a sí mismo aun sabiendo que tiene defectos.

En última instancia, los conflictos con uno mismo provienen de la dificultad de aceptar la propia miseria, y nada le reconcilia a uno tanto consigo mismo como el saberse amado.

Cristo nos ha revelado el amor incondicional de Dios por cada ser humano.
Quien, a pesar de ser miserable, se sepa amorosamente mirado de continuo por un Padre que le ama tal como es, gozará de una paz interior inamovible. Sus errores personales no le quitarán esa paz porque sabe que a su Padre le encanta perdonarle cada vez que le pida perdón.

 Sabiéndose así amado, se amará a sí mismo y, libre de problemas personales, se podrá dedicar de lleno a amar a los demás.

En efecto, la paz interior no es el único fruto de la humilde autoestima de quien se sabe hijo de Dios. Una buena relación con uno mismo tiene también una importancia decisiva de cara a la calidad del amor a los demás.

 Autoestima y cristianismo no son solo complementarios:

Solo la vida cristiana puede aportar soluciones estables a los problemas de autoestima.


Quien se sabe hijo de Dios, se olvida fácilmente de sí mismo y aumenta la calidad de su amor a los demás. En cambio, quien desconoce esa dignidad, se ve impelido a cosechar éxitos que aumenten su autoestima y le hagan merecedor de la estima ajena. Pero de ese modo nunca alcanza una buena relación consigo mismo y con los demás, porque el yo está envenenado por el amor propio y jamás se satisface del todo.

Quien desconozca el amor de Dios, ante sus propias miserias, tendrá dos opciones:
·         O bien reconocerlas y deprimirse,
·         O bien autoengañarse, eventualmente con ayuda de psicoterapia (hay quienes acuden a un psicoterapeuta para que les convenza de que son personas fabulosas).

Pero así nunca se obtiene una paz duradera, porque la inteligencia engañada siempre protesta. Es aquí donde el cristianismo ofrece la mejor alternativa. El conocimiento de estas realidades sería la mejor propaganda para la vida cristiana.

El amor a uno mismo vs el amor propio

¿Por qué se ha dejado de lado en la vida cristiana esta actitud de amarse a uno mismo?
Esparza: Quizá por falta de matices. Hay cristianos a quienes les resulta extraño que se hable de amor a uno mismo porque piensan que se trata de algún tipo de egoísmo. Se sorprenderían si comprendiesen que es lo contrario: que el amor a uno mismo y el amor propio son inversamente proporcionales.
No se trata sólo de amarnos a nosotros mismos a causa de nuestras cualidades, sino sobre todo a causa de lo mucho que Dios nos ama.
Si aceptamos el Amor que Dios nos brinda, recibimos la mayor dignidad imaginable: la dignidad de hijos de Dios. Y aquí un cariñoso recuerdo para Maruja, que se sintió princesa, hija de Rey!!!  Ahora bien, ese recto amor a uno mismo resulta ser el modo más eficaz de combatir el egoísmo del yo (=amor propio)

Es algo que ha calado en la mentalidad del pueblo cristiano (piénsese en el refrán: «la caridad bien ordenada empieza por uno mismo»). Lo que quizá no se ha puesto suficientemente de relieve es la relación existente entre filiación divina y humildad, y entre esa sana autoestima y la calidad de nuestros amores.


«La humildad es la virtud que nos ayuda a conocer nuestra miseria y nuestra grandeza»
(San Josemaría Escrivá)

La humildad es la verdad, y la verdad es que todos tenemos miserias y que somos inmensamente amados por Dios.

El mejor antídoto para poder asumir nuestra miseria consiste en descubrir nuestra grandeza de hijos de Dios. Puesto que nuestro yo está “hambriento” de estima, la mejor forma de que no moleste consiste en proporcionarle una “comida” capaz de satisfacerle plenamente.

En vez de pasarnos toda la vida buscando soluciones de recambio que nunca satisfacen del todo, nos conviene acudir directamente a la fuente de nuestra mayor dignidad: la maravillosa realidad de ser amados con locura por un Dios maternalmente paternal.

Una escalera hacia la autoestima

Comienza con el autoconocimiento, saber cómo eres e identificar tus defectos y habilidades te ayudará a subir. Sigue con tu autoconcepto: ahora ya sabes cómo reaccionas y cómo te comportas. Cuando hayas actuado, autoevalúate, con sinceridad. La autoaceptación cuesta, pero es imprescindible para llegar al siguiente escalón, el autorrespeto. Y de ahí a la autoestima, verás que sólo hay un paso: quiérete a ti misma, perdónate, y sigue adelante!

AUTOESTIMA
AUTORRESPETO
AUTOACEPTACIÓN
AUTOEVALUACIÓN
AUTOCONCEPTO
AUTOCONOCIMIENTO






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